Registro III
(Documento atribuido a Eco de las Sombras)
Durante mucho tiempo creí y posteriormente pensé que las cosas importantes anunciaban su llegada,
que ciertos acontecimientos debían distinguirse con claridad del resto.
Una señal,
un umbral,
una frontera visible,
algo.
Hoy tengo más certeza de que estaba equivocado.
He observado durante años un mismo recorrido.
Aunque mucho tiempo creí que eran distintos.
Lo he visto como quien cruza una habitación.
Sin detenerse,
sin mirar atrás,
sin advertir que algo acaba de cambiar.
Después pasa el tiempo,
meses,
años, a veces.
Y entonces ocurre algo extraño.
No aparece un acontecimiento nuevo,
tampoco llega una revelación repentina,
ni se abre una puerta frente a aquello que observaba.
Simplemente reconoce algo.
Comprende que aquello que parecía insignificante había permanecido esperando,
como una palabra cuyo significado tarda demasiado en alcanzarnos,
o una huella encontrada mucho después de haber sido dejada.
He observado ese fenómeno más veces de las que puedo recordar:
una conversación,
una imagen,
una pérdida,
una pregunta..
Un libro encontrado en el momento menos esperado,
una búsqueda que parecía dirigirse hacia un lugar y terminaba revelando otro.
Casi nunca son reconocidos cuando ocurren,
su importancia aparece después.
Mucho después.
Quizá por eso las señales demasiado evidentes siempre me han parecido sospechosas.
Las señales evidentes rara vez necesitan ser encontradas,
las otras son distintas.
Permanecen ocultas dentro de la vida cotidiana.
Se mezclan con los días comunes,
con los errores
y las demoras.
Con aquello que parecía no conducir a ninguna parte,
y sin embargo, cuando finalmente son reconocidas, resulta difícil imaginar el camino sin ellas.
Hace algún tiempo observé algo parecido en relación con los territorios.
Al principio creí que se llegaba a ciertos lugares.
Ahora no estoy tan seguro.
A veces sospecho que los territorios esperan,
no de manera consciente,
ni como esperan los seres vivos,
pero esperan.
Permanecen ahí mientras se reúnen las experiencias necesarias para reconocerlos.
Durante mucho tiempo pensé que algunas cosas habían sido encontradas por accidente.
Años después observé algo distinto.
Lo que parecía fortuito terminaba revelando una continuidad,
y lo más extraño era que el camino sólo se volvía visible al mirar hacia atrás.
Nunca antes..
Tal vez por eso los mapas resultan insuficientes;
no porque estén equivocados,
sino porque muestran caminos y ocultan reconocimientos.
Indican direcciones,
pero no pueden señalar el instante exacto en que algo adquiere significado.
Esa parte le pertenece al viajero:
al mismo que he seguido durante años bajo nombres distintos,
y que durante mucho tiempo confundí con diversos.
He llegado a pensar que las puertas más importantes no parecen puertas.
No están hechas de piedra,
ni de madera,
ni de símbolos.
A veces parecen una pregunta,
una herida,
o una obsesión.
Otras, una búsqueda cuyo motivo original ya fue olvidado.
Las atraviesa sin saberlo
y continúa caminando.
Después pasa el tiempo
y sólo entonces comprende.
No porque la puerta haya aparecido,
sino porque finalmente reconoce que la cruzó.
Quizá por eso algunos territorios producen una sensación extraña cuando finalmente son reconocidos,
como si algo hubiera comenzado mucho tiempo atrás,
y el reconocimiento fuera más antiguo que el descubrimiento.
No sé si esa sospecha es correcta.
Mi oficio nunca ha consistido en asegurar nada.
Sólo observar,
registrar,
recordar
y dejar constancia de aquello que persiste.
Hay acontecimientos cuyo significado llega después,
caminos que sólo se vuelven visibles cuando han terminado,
y experiencias que sólo pueden comprenderse cuando ya forman parte de aquello que continúa.
He confundido ese recorrido demasiadas veces para ignorarlo.
Quizá algunas instrucciones sólo resultan útiles cuando el umbral ya quedó atrás.
La huella continúa aquí
Registro V se encuentra en proceso de manifestación.


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